Con un mensaje que despierta conciencias y que dinamita las piedras que les ponen en el camino, la denuncia de ostracismo de las mujeres gitanas resuena con fuerza.

La cohesión social de la que hace gala Euskadi con respecto al sur no se corresponde con la realidad diaria de la comunidad gitana. Su protagonismo en la vida pública andaluza, donde vive más de la mitad de los gitanos que residen en el Estado, no guarda relación con su presencia casi marginal en Euskadi, que les relega a un rincón social, convirtiendo a las mujeres en un colectivo prácticamente invisible. “No se pierde la identidad gitana por tener estudios y llegar a ser médico o ingeniera. Nuestro lugar en el mundo no es la marginación. De hecho, cuanta más educación y conocimiento tengamos, dispondremos de más herramientas para ser libres”. 

Leer artículo completo: www.deia.eus

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