Temporada tras temporada, las asociaciones de gitanos se han quejado de los tópicos que explota el programa. Así se sienten.

Veo poco la televisión. Mi relación con la mal llamada “caja tonta” se basaba en una cordial indiferencia hasta que hace unos días descubrí Los Gipsy Kings. Ese reality de Cuatro que lleva tres temporadas en pantalla con cuotas de audiencia superiores al 12 por ciento.

Por alguna razón, Jacobo Eireos, director de Los Gipsy Kings, piensa que su producción colabora a mejorar la imagen de los gitanos, y Pepi Fernández se ríe irritada cuando se le pregunta por el programa. Pepi es trabajadora social y miembro del departamento de Inclusión Social de la Fundación Secretariado Gitano (FSG): “Creen que este programa rompe el estereotipo de gitano ladrón, de vendedor de droga, de chabola, porque ofrece una imagen distinta a esos estereotipos negativos, pero es que los estereotipos que ellos muestran también son negativos”. Jacobo Eireos afirma que ellos únicamente “marcan” situaciones, “pero nunca lo guionizamos”. Alguien debería explicarle a Jacobo que no hay que ser un maestro del método Stanislavski para darse cuenta de que la actitud grotesca de los protagonistas huele a forzado.

El programa se aferra a una lógica mercantilista a priori inofensiva: generar un freak show a partir de lo cotidiano y servírselo en horario de máxima audiencia a casi dos millones de espectadores ávidos de drama ajeno. Hasta aquí todo bien. Pero cuando se trata de caricaturizar a la minoría étnica más grande y más estigmatizada del Estado español, reproduciendo algunos de los estereotipos que les siguen encasillando como incultos, pícaros, frívolos o machistas, entonces un mínimo sentido de ética profesional debería asomarse y decir “hola, soy tu código deontológico y ya está bien”.

La versión anterior, Palabra de gitano, era peor si cabe. Peor porque todo parecía más serio, más riguroso, dotado de esa pátina pseudocientífica más propia de un trabajo de campo antropológico que de un producto televisivo de la misma empresa que lleva dando de comer a Belén Esteban trece años…