Foto: Kale Amengue

Los medios siembran la semilla del odio contra los nuestros avivando la rabia, no persiguen justicia alguna, de hecho, probablemente el asesinato de ese hombre les importe poco. Lo que hacen es señalar la gitanidad de los culpables, y lo hacen movidos por el desprecio que sienten por nuestra humanidad como pueblo.

Desde muy pronto, las sociedades de los estados nación europeos afrontaron la existencia romaní a través de una dinámica aparentemente paradójica que ha conseguido sumirnos en un estado debilitador de esquizofrenia y desorientación colectiva: integrarnos y perseguirnos. Hoy en día, seguimos percibiendo esta pulsión como la manifestación irracional de un deseo de dominación contradictorio, y ese precisamente es el gran error. Lo cierto es que no hay contradicción alguna, la integración es una retórica retorcida que es racionalizada a través de múltiples aparatos de control, vigilancia y disciplinamiento. La integración justifica y legitima el deseo de acabar con una forma de estar en el mundo, de ahí que el racismo sea institucional y esto dirija nuestra atención hacia el Estado.Un ciudadano común no puede acabar con una forma de estar en el mundo por muchos prejuicios que albergue sobre la misma, necesita una fuerza descomunal, de una violencia demoledora que no está en sus manos. ¿Dónde descansa el monopolio de la violencia en el seno de la sociedad moderna? En el Estado, núcleo nervioso del que emanan las instituciones y la fuerza coactiva por medio de la que las mismas se imponen. La persecución es, por lo tanto, la expresión desacomplejada del deseo de terminar con una identidad (persecución/genocidio) cuando la primera estrategia no obtiene los resultados esperados (integración/epistemicidio).

Al mismo tiempo que se diseñaba toda una maquinaria jurídica cuyo objetivo era obligarnos a través de la fuerza coactiva del Estado a dejar de ser gitanos, se nos perseguía, encarcelaba y asesinaba si pretendíamos seguir siéndolo

Al mismo tiempo que se diseñaba toda una maquinaria jurídica cuyo objetivo era obligarnos a través de la fuerza coactiva del Estado a dejar de ser gitanos y transformarnos en siervos dóciles de las administraciones, la cultura dominante y el Reino —integrarnos —, se nos perseguía, mutilaba, azotaba encarcelaba y asesinaba si pretendíamos seguir siendo gitanos —aniquilarnos —. Esta forma brutal de destruir nuestra humanidad consiguió arraigar en la psicología social mayoritaria. Las instituciones comprendieron pronto que la sociedad mayoritaria podía ser su aliada; de hecho, necesitaban esa alianza para legitimarse como garantes de un orden bueno y deseable. Algo así no debe ser perdido de vista, especialmente en la actualidad.Unas instituciones racistas perderán poder si una población entera se rebela contra sus métodos y su ideología. Así, el Estado, en su papel patriarcal como educador y disciplinador de las masas, educa y crea una ciudadanía fuertemente jerarquizada a su imagen y semejanza posibilitando un nexo de dependencia imprescindible entre ambos (sociedad – Estado) que desdibuja límites simplistas y afianza definitivamente las relaciones de poder propias del mundo moderno. Al mismo tiempo, los elementos acomodados de esta ciudadanía jerarquizada reclaman, necesitan y rinden culto, ya sea explícita o implícitamente, a la existencia de un Estado, de un aparato de poder y de todos los privilegios derivados de los mismos. Las relaciones de poder en el seno de una sociedad moderna trascienden así el alcance material del Estado, entrando a formar parte de la vida social.

¿LINCHAR A LOS GITANOS ES JUSTICIA SOCIAL?

Para nosotros, el privilegio se hereda no solo a través del poderío económico, sino a través de la identidad de los ancestros. Somos gitanos porque nuestros ancestros lo fueron y eso, en una sociedad como la nuestra, nos marcará hasta la muerte. No importa las falsas ilusiones que algunos de nosotros nos hagamos al conseguir determinadas cotas de poder en el mundo de los gaché. Para nuestro pueblo, la realidad seguirá estando regulada por la existencia del racismo, hasta que, por supuesto, consigamos comenzar a ganar la batalla contra el mismo. Por mucho que desde ciertos sectores lo pretendan, el anti gitanismo no se acabará demostrando a la sociedad mayoritaria y al Estado, lo obedientes, buenos e inofensivos que somos los Roma; lo alejados que nos encontramos de sus prejuicios, estereotipos y tópicos sobre nosotros. Al asimilar esta mentira, aceptamos el antigitanismo y lo solidificamos en nuestro interior. El gachó poderoso es bueno, y por eso, nos tratará bien si nosotros nos comportamos según lo que se espera de nosotros. Cambiaremos la forma en la que los gaché nos ven si les demostramos lo correctos y buenos que somos. Pura mentira, triste expresión de una dignidad quebrada. En primer lugar, porque ese peligroso relato enfermo lleno de complejos apuntala el racismo haciendo de nosotros falsos infantes, eternos angelitos morales dignos de fascinación, responsables últimos del racismo que se practica contra nosotros desde hace siglos. En segundo, y más importante, ¿qué ocurrirá cuando alguno de nosotros traicionemos ese relato y se muestre definitivamente humano? 

Los gaché han escuchado condescendientemente ese “mea culpa” entonado a coro. Les ha encantado escucharnos, les ha encantado ser convencidos de que los gitanos tenemos valores, no todos somos como “ellos”, “los otros”, “los malos”. Además, seguro que, en algún momento, todos y cada uno de ellos, se cruzaron con un buen gitano. Probablemente tuvieron un amigo gitano en la infancia, y si no, seguro que algún primo lo tiene, incluso hasta habrá algún gitano respetable y educado en la familia. ¿Qué ocurrirá cuando alguno de nosotros demuestre su vileza? ¿Qué ocurrirá cuando alguno de nosotros se equivoque?

El respeto a la diferencia gitana no es un premio, sino un derecho. No podemos convertir en un premio lo que es un derecho inalienable.

El respeto a la diferencia gitana no es un premio, sino un derecho. Repitámoslo, es importante: El respeto a la diferencia gitana no es un premio, sino un derecho. No podemos convertir en un premio lo que es un derecho inalienable. Porque cuando “nos portemos mal”, cuando no cumplamos las expectativas, papá estado volverá a por nosotros, y lo hará con la ayuda de la masa enfervorecida. Porque así es como hay que tratar a un mal gitano, hay que linchar a su familia al completo. Sabemos educar a los malos gitanos porque se nos ha educado para ello a lo largo de los siglos: a los gitanos malos se les lincha en grupo. 

Lamentablemente la realidad social nos abofetea con fuerza para demostrarnos cuál sigue siendo nuestro lugar en el mundo y, para ello, nada más útil al estatus quo que la labor de determinados medios de comunicación. Hace unos días, se celebraba un acto de reparación simbólica a través del cual, el Ayuntamiento de Madrid pedía excusas, por al tratamiento profesado hacia nuestros ancestros durante siglos en compañía de las reivindicaciones de muchos de nuestros compañeros, hermanos y primos de batalla. Al mismo tiempo, se producía un conflicto que desembocaría en un linchamiento colectivo y en la espectacularización mediática de lo acontecido. Ha sido altamente aleccionador presenciar las declaraciones de Manuela Carmena sobre los hechos, precisamente tras participar en los actos de reparación simbólica para el Pueblo Gitano: “No, eso no es racismo”. 

Pero cada gitano, cada gitana frente al televisor viendo las imágenes de lo ocurrido ha experimentado lo mismo: miedo y rabia. Cada gitano, cada gitana frente al televisor ha vuelto a revivir una antigua realidad, cúspide de una amenaza siempre latente que acompaña nuestro inconsciente colectivo desde hace siglos; ha escuchado los gritos y ha sentido los golpes de cerca; sabe que puede pasarle a él si vive en el lugar incorrecto, si tiene el familiar equivocado. Los medios de comunicación han cumplido su papel a la perfección, ABCLa VanguardiaCuatro, etc. Todos ellos han publicado titulares y noticias sensacionalmente racistas: “reyerta, clan gitano, asesinado por un gitano, familia de etnia gitana…” 

Efectivamente, un hombre ha sido asesinado. Una familia ha sufrido la pérdida injusta de un ser querido. Preguntamos a los medios de comunicación, ¿por qué no dan la vuelta a los titulares para que se refleje lo que realmente quieren transmitir, lo que realmente les irrita?: “un hombre payo ha sido asesinado”, “una familia paya ha sido atacada”. Es más fácil invertirlo, lo contrario sonaría… ¿racista? Ustedes siembran la semilla del odio contra los nuestros avivando la rabia, no persiguen justicia alguna, de hecho, probablemente el asesinato de ese hombre les importe poco. Lo que hacen es señalar la gitanidad de los culpables, y lo hacen movidos por el desprecio que sienten por nuestra humanidad como pueblo. Esto es algo que comparten con el resto de la sociedad mayoritaria, un antiguo desprecio por la humanidad de los gitanos. Si señalan la gitanidad del asesino señalan la nuestra, ¿se han dado cuenta? No jueguen la baza del “victimismo”, es pura ingeniería social. Al señalar la gitanidad del asesino nos hacen a todos responsables directos de lo ocurrido, nos ponen en el candelero y por eso merecemos ser linchados en grupo, no juzgados como individuos. Porque lo único que todos y todas las gitanas del mundo compartimos, a pesar de todas las diferencias, es eso: nuestra gitanidad. Así, cada vez que ustedes la mencionan, cada vez que ustedes la vuelven a poner en el banquillo de los acusados y la asedian, nos asedian a todos nosotros, debatiéndonos entre la eterna necesidad de defendernos, justificarnos: “no todos somos iguales, condenamos lo que ha ocurrido”, y la voluntad de hablarles claro y con dignidad: “ustedes son responsables del racismo” 

Ya no sonríen los gaché complacidos, ahora están rojos de ira, irritados. No nos ha servido el buen relato sobre nuestra inocencia ni la reparación simbólica. Los gaché, payos de barrio, con dificultades económicas y familias humildes, nos quieren dar una lección. Los críticos de la clase no saben qué decir y una gran mayoría piensa en voz alta lo mismo: “Es lo justo, han asesinado a un hombre. Es una familia problemática.” Mientras, los titulares, las noticias, los medios de comunicación, nos revienten los tímpanos, nos machacan la cabeza, recordándonos, una y otra vez, lo que no se nos debe olvidar: “¡GITANOS!” 

Artículo publicado en: elsaltodiario.com

Pin It on Pinterest

Share This