Cuando una fecha es institucionalizada corre el peligro de convertirse en algo folklórico. Así, nuestra batalla se revela como una batalla profundamente paradójica. Luchamos por el reconocimiento de nuestra lucha, pero, al mismo tiempo, hemos de extremar precauciones cuando dicho reconocimiento se produce, especialmente si viene desde sectores institucionales. Si permitimos que nuestros símbolos sean domesticados a cambio del traicionero reconocimiento institucional perderemos la dignidad en base a la cual nuestros ancestros se alzaron contra su opresión.

La historia es la siguiente. El 16 de mayo del año 1944, 6.000 romaníes internados en Auschwitz Birkenau, entre los que se contaban hombres, mujeres, niños y ancianos, se alzaron valientemente contra las fuerzas de las SS para evitar su genocidio. Ese mismo día conocieron la noticia de que serían gaseados y exterminados por la noche. A pesar de la evidente falta de energía a causa de la desnutrición, el hambre y la humillación a la que eran sometidas desde su internamiento; a pesar de no contar con armas sofisticadas con las que poder hacer frente a la superioridad numérica y armamentística de sus verdugos, aquellas familias se enfrentaron juntas al ejército nazi con palos, piedras, uñas y dientes. Tal fue la fortaleza y la fiereza con la que estos seres humanos se resistieron a su masacre que los nazis no pudieron llevar a cabo su plan hasta 3 meses después,  durante el fatídico 2 de Agosto de 1944.

El Porrajmos/Samudaripen, tal y como los romaníes llaman en Romanò, lengua del Pueblo Rom, al Holocausto Gitano perpetrado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, alberga un lugar muy particular en la conciencia gitana internacional. La amenaza del exterminio representa una constante en la memoria romaní habiendo estado presente en todos y cada uno de los países de Europa a partir de poco después de nuestra llegada al continente. De hecho, el primer intento europeo de llevar a cabo un genocidio total contra los nuestros se produjo en un país que aún hoy alardea de su pretendido tratamiento modélico hacia los gitanos: la España de la Ilustración.

Si el Porrajmos representa una herida sin cicatrizar en la memoria de la piel romaní, el 16 de Mayo constituye una prueba de la antigua genealogía de resistencia con la que nuestro pueblo ha afrontado su sometimiento. Es nuestro deber honrar la memoria de nuestros ancestros y ancestras siendo fieles al espíritu de coraje indomable que activó la rebelión del 16 de Mayo. Nada más lejos de esto que dejarnos domesticar por celebraciones puntuales que banalizan nuestra historia y desfiguran el legado de los que nos precedieron. Ellos han convertido el 16 de Mayo en un día para sonreírnos y decirnos cuán especiales y valiosos somos. Nuestra obligación es devolver a esta fecha su verdadero lugar, una ocasión para recordarle al mundo que el pueblo gitano no se deja doblegar ni maltratar, que nunca permitiremos que se nos someta.

Es por eso que debemos recordarle al mundo y a nosotros mismos que hay muchos 16 de Mayo y  que el día de la Resistencia Romaní es todos los días. Cada día, es el 16 de Mayo en Vallecas, en la Cañada Real, en Caño Roto, en el Pozo del Tío Raimundo; en Gracia, en la Mina; en Los Palmerales, en Lo Campano, en La Fama. Cada día, es el 16 de Mayo en el Polígono Sur, en el Vacie; en el Almanjáyar. Cada día es el Día de la Resistencia Romaní en los suburbios de Francia, en la Italia racista de Salvini, en Hungría, Macedonia, Bulgaria, Eslovaquia; allá donde hay una familia gitana que resiste y lucha sin entregarse a la voluntad de quienes pretenden humillarlos el 16 de Mayo es celebrado con rebeldía, alegría y vitalidad. Desde esa consciencia recordamos y nos negamos a olvidar y, desde ahí, abrazamos a nuestra extensa familia romaní internacional a la vez que en silencio y a grito descubierto clamamos: ¡Salud y Libertad! Contra el antigitanismo, contra el racismo, Opre Roma!

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Imagen cortesía: Saray Borja

Gitana y activista feminista. Miembro de la Red Antidiscriminatoria Gitana (RAG) Educadora Social por la UNED. Máster en Intervención Social con la Comunidad Gitana por la UPNA. Parte de la junta directiva de la Asociación Ververipen, Rroms por la Diversidad. Miembro de la Comisión de Mujeres Gitanas de Euskadi. Experta en el Grupo de Acción Social Igualdad de Trato y Agenda Europea del Consejo Estatal del Pueblo Gitano. Voluntaria en Médicos del Mundo Bilbao.
Twitter: @SarayB_

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