Foto: inquamphotos.

La comunidad paya debe pronunciarse. Pero nosotros gitanas y gitanos, no tenemos atril que acercarles, ni la serenidad que otorga la ausencia de culpa o, mejor dicho, la falsa inocencia. Si quieren entenderlo bien, deben leer el artículo mencionado. No es extenso, ni complicado, sino abierto en su pretensión y objetivo. Nosotros decidimos titular a este escrito “A Mariló Montero”. Mientras, ella decidió titular al suyo “a la comunidad gitana”. Entonces, se produce la pregunta del millón, ¿a qué se debía tal rotunda interpelación, tal solemne dedicación a una comunidad de más de 12 millones de personas en Europa? A un crimen cometido por un hombre. “Nadie hizo nada. Por la falta de cultura de denunciar a los maridos maltratadores en la comunidad gitana -según dicen ellos mismos-”, eso escribió Montero, sin que le temblara el pulso. La comunidad paya debe pronunciarse, hemos dicho. Deben discutir entre ellos, deben cuestionarse y no permitir que siempre seamos nosotros los que tengamos que defender nuestro derecho a ser tratados como seres humanos.

Asistimos a una masacre cotidiana contra las mujeres en este país patriarcal, una masacre cotidiana que se está cobrando vidas humanas y que está explotando en el rostro de una sociedad que creía haber solucionado lo más básico y elemental. El crimen machista de Aranjuez es un hecho terrible, deleznable, que forma parte de esa brutal lacra de la violencia machista que se experimenta en el Estado español. Pero, al parecer, el problema fundamental es la identidad étnica del asesino, porque eso, a los ojos de una parte importante de la población, de la administración y los medios de comunicación, le hace más bestial, más salvaje, más peligroso. Y es a causa de ese peligro que representamos que toda una comunidad humana debe pronunciarse. Nosotros debemos demostrar que no todos somos así de inhumanosno es cierto?

Nos miran con lupa. No como individuos, sino como pueblo. Es una de las características clave de eso que llamamos “racismo”. Todavía retumba en nuestras cabezas ese llamamiento brutal, general y con tal carga moral -perdonen que lo repita-: “la comunidad gitana debe pronunciarse”. No sabemos qué hacer. ¿Qué puedo hacer?, ¿dejar, quizás de escribir este artículo y salir a la calle, buscar a algún payo y convencerle?: “No, amigo payo, los gitanos estamos en contra de ese asesinato”. ¿Debo a lo mejor, salir a la plaza pública de mi pueblo y gritar: ¡Soy gitano y estoy en contra de ese crimen! ¡No soy una bestia! ¡No soy eso que ustedes piensan que soy!

El artículo de Montero reincide en los más clásicos improperios antigitanos: la integración, el respeto al Estado, a la ley. Pero Montero es solo un síntoma, ella no tiene la culpa de expresarse tal y como la han enseñado a hacerlo. De un tiempo a este, muchos periodistas han aprendido a camuflar sus prejuicios. Creen que su obligación consiste en no pronunciar palabras mal sonantes. Sin embargo, tanto ustedes como nosotras y nosotros sabemos que se puede insultar brutalmente a alguien sin decir un taco. Ser racista, para la mayoría de ellos y ellas es llamarnos “malditos gitanos”, lejos de eso, el racismo es algo pasado o que, como mucho, solo existe en las películas americanas. Ante cualquier tipo de crítica o apunte que hagamos que pretenda ir más allá de lo mencionado, los periodistas, presentadores de televisión, guionistas, etc, reaccionan a la tremenda, indignados, sorprendidos; incluso ofendidos.

Pero dirigirse a una comunidad de cientos de miles y exigirles cuentas por el asesinato cometido por un individuo… Eso no es racismo. Ustedes ya lo han resuelto todo en torno al racismo, mucho más si nos referimos al pueblo gitano. Todos ustedes tienen algún amigo gitano, un novio o novia gitana de la infancia: ¡Pero si yo me he criado con ellos! ¿Cómo voy a ser racista? Ustedes creen que el racismo es únicamente cuestión de nazis. Para mostrar el absurdo, nada como darle la vuelta al argumento, aunque resulte vergonzoso.

Señora Montero: ¿Debería usted pronunciarse cada vez que un hombre, miembro de su comunidad étnica mata a una mujer de forma cruenta? Deberían sus amigos y amigas payas hacerlo? Por que si es así, nos deben ustedes un número desorbitado de explicaciones. Señora Montero, ¿debería usted pronunciarse cada vez que un grupo de individuos que pertenecen a su comunidad étnica cometen un crimen? Si es así, nos debe usted siglos de pronunciamientos solemnes, siglos de explicaciones, siglos de justificaciones; porque no las hemos escuchado de su boca, ni de la mayoría de sus colegas payos.

Mientras se ocupa de responder a esto, por favor, implíquense en denunciar la injusticia machista allá donde se produzca. Pero no cometa el error de hacer de toda una comunidad humana, que además experimenta el racismo cotidiano e institucional -que es algo sobre lo que a ustedes les queda casi todo por aprender todavía- responsable del comportamiento de un individuo. No ponga sobre nuestro pueblo la sombra de la duda, de tal manera que muchos de nuestros primos, primas, tíos y tías, sientan la necesidad de justificarse por miedo a que se nos muestre como gente bárbara y violenta. Así usted no ayuda a las mujeres víctimas de Aranjuez, ni a ninguna víctima actual de la violencia machista.

Por todo ello y más, titulamos este escrito “A Mariló Montero” y le pedimos explicaciones a usted; le exigimos que sea auto crítica consigo misma, que revise su perspectiva y no de nada por hecho. A cambio de ello, le prometemos que la próxima vez que un miembro de su comunidad, la paya, cometa una fechoría, no le pediremos explicaciones, a menos que se trate de sus propios actos… Aunque a veces ayudaría que, ustedes, los payos, se pronunciaran contra el racismo, contra toda clase de racismo, incluso aquel que les resulta tan extraordinariamente difícil de percibir.

RROMANI PATIV

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