El antigitanismo mediático

Todos los análisis realizados por las expertas y expertos kalos sobre la naturaleza de los discursos anti–gitanos durante las últimas décadas desembocan en la misma conclusión: la tremenda influencia de los medios de comunicación actuales del Estado español en la reelaboración y fortalecimiento del sentido común racista solidifica el antigitanismo dominante.

El racismo forma parte de estructuras de poder institucional particularmente complejas que deben ser combatidas desde innumerables frentes. No obstante, el poder que los medios de comunicación ostentan en las sociedades de la modernidad revelan hasta qué punto es necesario afrontar una estrategia política que combata eficazmente tales consecuencias de una forma novedosa.

Si el antigitanismo goza actualmente de una salud de hierro en toda Europa, el espacio sintomáticamente desinhibido de los mass media no es, en absoluto, una excepción. Las noticias perniciosas en las que se hace mención al origen kalo cuando los protagonismos de las mismas aparecen presentados como adalides de los estereotipos, tópicos y prejuicios dominantes que el poder ha generado sobre el Pueblo Gitano; o los ataques simbólicos e insultos cotidianos  que amparados por el discurso de la “libertad de expresión” y la “necesidad de información”, sustentan parte fundamental de la dañada imagen gitana en el ámbito mediático son claros ejemplos de ello. Estas dinámicas funcionan como escudo moralizante de deshonestidad ante la crítica contra el racismo antigitano en el seno de una sociedad multicultural de la información como la nuestra.

De hecho, la producción de material antigitano y la difusión de imágenes distorsionadas y racistas sobre nuestro Pueblo forman parte de la cotidianidad mediática del Estado español y la experiencia de las personas gitanas de a pie que resisten ante el asedio simbólico –que a menudo cobra consecuencias materiales– lo atestiguan. Respecto al discurso antigitano –en el marco de un análisis general sobre el racismo en Europa– cabe destacar, sin pretender participar en olimpiadas del sufrimiento algunas, la especial naturalidad con la que la amenaza, la mofa y el insulto prevalecen reproduciéndose día tras día.

 

El hilo rojo del antigitanismo

Si el antigitanismo en el Estado español se ha materializado en 479 años de opresión sistemática que no terminan en 1978; en intentos de expulsión masiva, de genocidio y epistemicidio; en violento despojo cultural, lingüístico, identitario. Si el antigitanismo en nuestros territorios ha desembocado en hechos de magnitud histórica como la utilización de mano de obra forzada gitana en los procesos de acumulación del capital del estado moderno, ¿qué cabe esperar que se produzca allá donde la denominada corrección política se desvanece rápidamente? ¿Qué cabe esperar que ocurra en el ámbito dominante de los medios de comunicación; ámbito en el que, a pesar de las importantes excepciones individuales, la moral liberal protegida por el status quo muestra su ferocidad corporativa en su falta de voluntad y coraje para desarmar o pretender poner ante la mesa el verdadero problema?: el antigitanismo estructural.

No hay ni habrá recetas para solventar en la superficie mediática lo que anda pudriendo la realidad material que subyace a la misma. Sin embargo, las cuestiones descritas aparecen con mayor claridad cuando el análisis sobre el racismo anti–rom se afronta con nuevas herramientas conceptuales, recursos intelectuales renovados y diferentes a los tradicionalmente usados para ello. Se nos presenta entonces el urgente reto de proporcionar información alternativa sobre en qué consiste el antigitanismo, forma de racismo que es generalmente percibida de una forma deficiente y mediocre.

 

Comenzar a vislumbrar un horizonte colectivo

Los medios de comunicación y la industria moderna del entretenimiento de masas son en la actualidad, lamentablemente, excelentes herramientas para acelerar las denostables consecuencias del racismo antigitano en las vidas de cientos de miles de personas. Su influencia, su inmediatez e impacto psico–social resultan inigualablemente perniciosos en un contexto en el que la jerarquía racista sitúa a nuestro Pueblo en una situación de debilidad política.

Parte de la estrategia principal para enfrentar tales problemáticas de forma efectiva pasa, al menos de momento, por la creación de grupos o redes de presión organizadas por personas romaníes de forma colectiva y estratégica a lo largo del territorio.  Se hace indispensable trabajar, sin sectarismo y con el apoyo de los aliados sensibles de los medios de comunicación, en la conformación de un frente común gitano que desarrolle una labor crítica y fundamentada ante el ataque constante. Convertir la indignación cotidiana de nuestras comunidades en acción política colectiva se presenta como una urgencia de primera necesidad para el asociacionismo gitano del Estado español si su voluntad es conectar sinceramente con la base y servir de instrumento para su emancipación.