Ya veremos si cuando haya elecciones ustedes son terceros”, le soltó Pedro Sánchez a Rivera con retumbo de maldición gitana desde la tribuna del Congreso. El líder socialista habló con la arrogancia de quien sabe que a partir de mañana pasa a controlar el BOE y el calendario electoral.

Las encuestas dicen que ni a PP, ni a PSOE, ni a Podemos les interesa ir pronto a las urnas, y la creencia común es que todo lo que sea aplazar las generales más allá de las municipales y autonómicas del año que viene perjudica a Rivera, por dos motivos: se enfría la euforia del momento en torno a Cs y, dado que la implantación territorial de este partido dista mucho de la de sus competidores, siempre resultará más fácil derrotarle en esos comicios, lo que rebajaría sus expectativas para los venideros.

La jugada de Sánchez entraña todos, absolutamente todos los riesgos del mundo pero es de gran audacia: además de ganar un tiempo precioso y una visibilidad como presidente que le recoloca en el tablero, ahí queda para la historia que él sacó de la Moncloa a Rajoy. Para un PSOE desunido, inmerso en la atonía y que tenía a su secretario general fuera del Parlamento resulta una proeza.

Dado que es improbable que con 84 diputados y el rompecabezas parlamentario actual Sánchez pueda caminar dos pasos seguidos, vamos a entrar desde ya en el periodo de la parsimonia, con una exaltación del diálogo por el diálogo soporífera y de resonancias zapateriles. Sánchez sabe que cada noche que duerma en la Moncloa es un triunfo.

Pero la maldición dirigida a Rivera, que incluía una indisimulada reivindicación del PP, se quedó corta con el gesto ciertamente feo de desvelar el supuesto contenido de las negociaciones que mantuvieron en privado Ábalos y Villegas, a petición de los socialistas, para buscar el voto favorable de Cs a la moción. Rivera tomó nota.

Si tenemos en cuenta que el único que ha dimitido es Zidane, que Rajoy desertó del hemiciclo, que “Aitor el del tractor” se disfrazó de Caperucita Roja tras haberse comido a Caperucita Roja, que Iglesias se puso americana a la espera de tiempos mejores, y que Tardà y Campuzano volvieron a tener sueños húmedos con Franco, ¿alguien duda que nos vamos a divertir?