Foto: Asociación Romi de Valencia

Tradición romaní, tradición de resistencia 

Esta vez, comencemos con preguntas: ¿Cómo se resiste al racismo antigitano en medio de una pandemia internacional? ¿Cómo se resiste ante la violencia constitutiva de esos barrios olvidados en los que las vidas de nuestra gente valen menos que las de un barrio de gente paya y adinerada como el de Salamanca; cómo se resiste a la violencia de un sistema educativo que nos concentra en colegios e institutos deficientes pensados para producir jóvenes alienados que no se respetan ni estiman a sí mismos? ¿Cómo se resiste ante la violencia mediática de programas basura como el de Ana Rosa Quintana o al odio social contra nuestro Pueblo expresado de forma anónima y cobarde en las redes sociales? 

¿Cómo se resiste al confinamiento forzoso que ya de por sí forma parte del antigitanismo institucional en el contexto de una pandemia internacional como la ocasionada por el coronavirus, durante un estado de alarma como el que nos ha tocado afrontar? La pandemia de la COVID-19 ha golpeado al mundo entero, pero sabemos que no se ha cebado de la misma manera con todos. Sin embargo, en el Estado español, esta realidad constituye un tabú, salvo en espacios muy reducidos  

¿Por qué? ¿Es acaso el virus racista, clasista, es selectivo? Es evidente que no. Era predecible que la enfermedad afectaría de forma más dura a quienes se encuentran en peores condiciones. Era esperable que, en una sociedad llena de desigualdades, quienes se llevan la peor parte son los que ocupan el eslabón más débil. Pero no hablamos de pobreza a secas. Hablamos de condiciones de pobreza material que obedecen a causas históricas y estructurales. Y la pobreza tiene rostro gitano y migrante, no solo en el Estado español, sino toda Europa. 

El impacto social sobre la economía de las familias trabajadoras gitanas que dependen de actividades laborales frágiles como por ejemplo el mercado está siendo devastador. No hablamos de precariedad, sino de pobreza extrema. Pero el Pueblo Gitano no tiene nada que mendigar, mucho menos en días como este. Es suficiente con no permitir que nos roben la memoria y la dignidad que nace de ella. El día 16 de mayo se conmemora un momento histórico de vital importancia para nuestra tradición de resistencia y lucha por la vida frente la voluntad persistente de exterminarnos y someternos. Un día como este, en el año 1944, 6.000 gitanas y gitanos, hombres, mujeres, niños y ancianos se enfrentaron a pecho descubierto contra los genocidas que pretendían acabar con sus vidas en el campo de concentración de Auschwitz Birkenau. Lo hicieron con todo lo que encontraron a su paso. Este heroico acontecimiento obligó a los miserables nazis aplazar su intención de gasear a nuestros parientes durante tres meses. A riesgo de sonar repetitivos, nos vemos obligadas y obligados a recordar que lo que nos ha mantenido con vida son nuestros lazos comunitarios. Para nuestro Pueblo, la patria fundamental se encuentra en la familia y, más allá, en las otras familias, creando así una extensa red de apoyo mutuo que trasciende al individuo, desemboca en la comunidad y, por último, en el Pueblo. 

Sin ello, estaríamos perdido. Y así es como resistimos estos días de empobrecimiento y de urgencia, a través de nuestras redes de apoyo. Desde que se inicio el estado de alarma, hemos podido comprobar como los gitanos y gitanas de a pie han encontrado las maneras más insospechadas de organizarse para no dejar a los suyos en la estacada, pero también para tender la mano a ciudadanos no gitanos que lo necesitaban. Al mismo tiempo, hemos tenido que dedicar parte de nuestra energía a denunciar ataques concretos contra nuestra gente, que ha sido diana, una vez más, del oprobio mediático, de los bulos racistas y de la violencia más descarnada.  

La gran lucha y la lucha cotidiana por seguir siendo gitanos 

Mientras nuestro primo Manuel, era asesinado a tiros en Rociana del Condado, Huelva, por un puñado de habas, nuestra compañera, Aurora (omitimos su apellido por deseo expreso de ella) está siendo objeto de una campaña de calumnias por parte de sectores periodísticos de la caverna por denunciar las políticas de la Comunidad de Madrid para con la alimentación de los niños más desfavorecidos. Sin embargo, tendemos a interpretar nuestros gestos de resistencia a través de los grandes gestos, lo cual es lógico y deseable. 

Aun así, nos gustaría hace hincapié en que nuestro Pueblo libra su batalla más crucial en su pura cotidianidad. Ser gitano y gitana, en un mundo hostil hacia nuestra diferencia es un acto de resistencia. Nombrarse como tal, cuando sabemos que eso tendrá un precio, es un acto de resistencia. Aprender romanó, para nosotros que hemos sido desposeídos de nuestra lengua a través de pragmáticas y leyes, es un acto de resistencia. Tratarnos con respeto, fraternidad y amor, cuando la estrategia del poder ha sido y es sembrar la discordia, la envidia y la competitividad entre nosotros, es un acto de resistencia. Y eso es lo que marca la diferencia. Sin eso, todo lo demás cae por su propio peso. Los programas de gobiernos, las subvenciones, las buenas intenciones de los políticos de turno, las proclamas de los líderes de las asociaciones., etc. Sin el cuidado de una revolución cotidiana, en el ámbito de nuestra relación con los demás gitanos y gitanas, cualquier plan, por muy transgresor que a primera vista parezca, no valdrá de absolutamente nada. 

Quizás no es el tiempo de grandes discursos, más cuando nuestra gente está atravesando momentos tan difíciles como los actuales. Quizá, este 16 de mayo, Día de la Resistencia Romaní, toca conectar de nuevo, aún en medio de tan extraordinarias circunstancias, con eso que nos hace gitanos y gitanas. Hoy, la Resistencia Romaní del Estado español está en Haro, en la Rioja, en la Coma, en Valencia, en el Polígono Sur, en Sevilla; en el Almanjáyar, en Granada, en Font de la Pólvora en Girona. Está donde ha estado siempre, en las grandes revueltas históricas y en los gestos de gitanidad cotidiana que nos protegen del oprobio. Nadie lo hará por nosotras/os. No vendrán a defendernos otros. Por lo tanto, el objetivo está en fortalecer nuestra capacidad para luchar juntos contra un enemigo en común, el antigitanismo. Siempre que lo consigamos, no habrá nada que pueda con nuestro Pueblo, ya que como decía el Tío José Heredia Maya “aunque sea reciente mi carné, yo nací hace milenios…” 

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