Los que hablan de incultura del pueblo gitano supongo que no conocen a Papusza o a Curro Albayzín, a Manuel Molina, a Antonio Salazar, a Elena Lacková… Son los que luego se ríen de las faltas de ortografía en la nota de despedida de Camarón, sin tener en cuenta que nació en los años 50 en una familia gitana empobrecida en Cádiz, y que tuvo que dejar la escuela para trabajar en la fragua de su padre. Luego, sin haber tenido tanto acceso a la educación como ellos, recitaba a Federico García Lorca de memoria y no era un clasista rancio. 

Estos falsísimos estereotipos se curarían estudiando la historia gitana en los colegios, ya que ni siquiera cuando se explica la Segunda Guerra Mundial nos cuentan que en el Holocausto asesinaron a cientos de miles de gitanos, ni que con niños gitanos probaron los efectos del gas Zyklon-B, usado después en las cámaras de los campos de concentración. En la Gran Redada de 1749 nos intentaron exterminar, con la complicidad del Marqués de Ensenada y del Rey Fernando VI. En 1986, en Martos (Jaén), rociaron con gasolina e incendiaron 30 viviendas de familias gitanas, para luego concentrarse pidiendo que fuesen expulsados de allí. A día de hoy siguen apartando a los gitanos en barrios alejados hasta que esas atmósferas comienzan a tener interés turístico, entonces los Ayuntamientos les ponen tantas condiciones e impuestos que se acaban yendo de allí y esas casas se las quedan los señoritos adinerados que nada tienen que ver con la esencia. Ya pasó con el Albayzín, el ejemplo más obvio. ¿Queréis conocer mejor nuestra historia? Escuchadnos.

Leer artículo: vice.com

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